domingo, 8 de mayo de 2016

SEMANA 8 DE MAYO: LA RESPIRACIÓN CONSCIENTE COMO PRÁCTICA MEDITATIVA






         Se trata de una práctica completamente simple, al alcance de todos y que, cuando se mantiene con perseverancia, produce efectos realmente transformadores. ¿Cómo hacerla?
         Se trata de llevar toda la atención, de la manera más descansada posible –como si fuera un juego- al proceso respiratorio. No hay nada que conseguir; ni siquiera hay que buscar “hacerlo bien”. Queremos únicamente educar la atención, para poder vivir la mente, no como la “dueña” de casa que condiciona nuestro estado de ánimo, sino como una herramienta a nuestro servicio. Es decir, queremos adiestrarnos en pasar del pensar al atender.
         Esa tarea de educación requiere –como cualquier otra tarea educacional- dos actitudes simultáneascariño y firmeza. Por eso, cada vez que nos damos cuenta de que nos hemos distraído, con todo cariño, pero con toda firmeza, volvemos a “traer la mente a casa”, para continuar descansando en la atención.
         Se trata, realmente, de descansar. El acento no tiene que estar puesto en el esfuerzo por atender, sino en descansar en la atención que somos: sabiendo que es ella la que nos sostiene a nosotros.
         Para vivir bien la práctica, ayuda mucho hacerse consciente de los cuatro momentos de la misma, respetando todo el proceso: exhalación – pausa – inhalación – pausa.



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viernes, 6 de mayo de 2016

LO QUE SOMOS ES CONSCIENCIA EL YO ES UNA FORMA QUE TOMA LA VIDA// Entrevista de Javier Pagola, con motivo de la participación en el Foro GOGOA de Pamplona, en Diario de Noticias de Navarra, 12 de octubre de 2015




Entrevista de Javier Pagola, con motivo de la participación en el Foro GOGOA de Pamplona, en Diario de Noticias de Navarra, 12 de octubre de 2015.
-¿Quién es Enrique Martínez Lozano? ¿Cuáles son los principales rasgos de su búsqueda y de sus pretensiones actuales?
Soy una “forma” más en que la Vida se expresa, y soy esa misma Vida que somos todos. No tengo ninguna pretensión, tampoco busco nada; me siento habitado por el Anhelo de rendirme por completo a la Vida que somos, lo cual requiere que mi yo se quite de en medio. En ese aprendizaje estoy.

-Cada cual  para desarrollar su personalidad construye un YO, a veces  un ego muy poderoso. ¿Es esa una necesidad? ¿Se paga algún precio por ella?
Lo que llamamos “yo” no es sino el resultado de la emergencia de la mente, en un momento determinado de la evolución de la consciencia. Pero, en realidad, el “yo” no es nada más que el centro operativo de nuestra vida mental y emocional. Evidentemente, necesitamos construirlo y cuidarlo. El error –fuente de confusión y de sufrimiento- se produce cuando nos identificamos con él. Podría decirse que quedamos deslumbrados por la mente hasta el punto de reducirnos a ella (a eso se le llama “yo”), olvidando que somos Consciencia ilimitada: mente (yo) es solo algo que tenemos; consciencia es lo quesomos. A cualquiera que investigue le quedará claro que, como dice Fidel Delgado, “eso del yo es una broma”.
-Usted habla del “final del estado egoico de la conciencia” y de la llegada del “nivel transpersonal” ¿Qué quiere decir eso de “la mirada transpersonal” o de “vivir una experiencia transpersonal”?
Justamente eso: la mente, el yo, la persona… no es el final. Absolutizar esas realidades equivaldría nada menos que a decretar una especie de estancamiento de la consciencia. Todos ellos son solo “objetos” dentro del campo de la consciencia. Por más que se resistan quienes han crecido en el “personalismo” (filosófico o religioso), la Realidad es siempre “trans”: se halla siempre “más allá” (en realidad, más acá, porque lo “trans” es lo más profundo e íntimo) de todo lo que podamos nombrar: la mente es una herramienta, el yo es el centro psíquico, la persona es el “papel” con el que la Consciencia (la Vida) se disfraza…
– ¿Cuál es la distancia entre lo racional y lo real?
La que va del concepto a la Verdad, del pensamiento a la Vida, de la mente al Ser. La razón es una herramienta preciosa que se pervierte cuando se absolutiza. Hay vida más allá de la razón. Como ha escrito el psicólogo Giorgio Nardone, “Es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo“.
-¿La mente es una herramienta valiosa? ¿Para qué?
Valiosa e imprescindible para movernos en el mundo de los objetos, sean físicos (materiales), mentales o emocionales. Es valiosa también para mantener el espíritu crítico y denunciar engaños. Pero no es herramienta adecuada para conocer todo aquello que no es objeto.
-Usted en sus escritos y charlas invita a “otro modo de ver y de vivir” y a superar el modelo dualista, cartesiano, de conocimiento  que considera agotado. ¿Puede usted explicar, con algún ejemplo, que es eso del dualismo?
El dualismo es solo una creencia errónea que nos hace pensar que la realidad es una suma de objetos separados. Tal creencia es consecuencia de la propia naturaleza de la mente –separadora y objetivadora-, ya que pensar equivale a delimitar. De ahí que, al absolutizar la mente ycreer que las cosas son como ella las ve, caemos en el dualismo. Pero la Realidad es solo una; no existe nada separado de nada. Tú y yo, por ejemplo, somos no-dos: no somos iguales, pero somos lo mismo. Y es una buena noticia que la misma ciencia nos lo haga ver.
-¿Qué signos,  evidencias, o líneas de investigación –por ejemplo, en la física cuántica o la neurociencia- encuentra usted en el tiempo actual que indiquen que el modelo dual de cognición se está agotando?
La ciencia habla ya de dos diferentes niveles de lo real: el aparente –el mundo de las formas, que nos entra a través de los sentidos neurobiológicos- y el cuántico, lo que le lleva a concluir que “las cosas no son lo que parecen” y a intuir un nivel todavía más profundo al que designa como “campo unificado de consciencia”, del que estarían brotando los otros dos. Es significativo que la nueva física, apenas se acerca al mundo de las partículas subatómicas, descubre que el “modelo mental” (dual) es insostenible: por una parte, el llamado “sentido común” salta por los aires; por otra, se ve obligada a adoptar una perspectiva no-dual.
-¿Qué ventajas tiene abrirse a una perspectiva no dual de conocimiento?
Si lo Realidad es no-dual, nunca llegaremos a ella a través del modelo mental (dual). Reconociendo el ámbito propio de este, es necesario trascenderlo para pasar delconocimiento por análisis y reflexión –propio de él-, alconocimiento por identidad o “conocimiento silencioso”, del que siempre han hablado sabios y místicos. Por decirlo brevemente: No conocemos quiénes somos pensando, sino únicamente siéndolo.
-¿Qué significa “conocer por identidad”, conocer algo porque lo somos?
La única forma posible de conocer todo aquello que no es objeto. De hecho, si te piensas –eso es conocer desde la mente- te verás como un “objeto”: ya te has tomado por lo que no eres, olvidando lo que eres. Además, ¿cómo la mente –que es una herramienta que tienes y, por tanto,una parte de ti- podría saber quién eres? Solo lo sabrás cuando lo seas: este es el conocimiento por identidad. En realidad, es el modo de conocer todo lo que no es objetivable. Aplicándolo a Dios, el místico cristiano del siglo XVII, Angelus Silesius, lo expresaba con estas palabras: “Qué sea Dios, lo ignoramos…; es lo que ni tú ni yo ni ninguna criatura ha sabido jamás antes de haberse convertido en lo que Él es”.  Y así se nos hace evidente la sabiduría contenida en aquella inscripción del templo de Delfos: “Hombre, conócete a ti mismo, y conocerás al Universo y a los dioses”. Dado que lo Real es no-dual, al conocer lo que eres, estás conociendo el Fondo de lo que es ya que, como bien dijera el Maestro Eckhart, “el fondo de Dios y mi fondo es el mismo Fondo”.
-¿Por qué hay que silenciar y acallar la mente? ¿Para qué hacerlo?
Es necesario acallar la mente si queremos ver con claridad. De lo contrario, la mente se interpone como un filtro que deforma aquello que la trasciende (porque, dada su propia naturaleza, lo reduce a mero objeto, aunque lo escriba con mayúscula). Aunque es importante subrayar que no se silencia la mente por el gusto de lo irracional, sino precisamente para poder ver más allá de ella. Una vez más, quizás sea necesario recordar que la mente es una herramienta muy valiosa, pero muy limitada. Y que, más allá del conocimiento que nos proporciona, existe otro al que solo tenemos acceso cuando aprendemos a silenciarla: aquieta la mente, saborea la realidad… y surgirá sabiduría.
-Usted realiza una continuada práctica meditativa. ¿En qué consiste básicamente? ¿Precisa entrenamiento? ¿Qué beneficios le produce?
La práctica meditativa es el entrenamiento –“gimnasia sagrada”, la llama el psicólogo José Mª Doria- para acallar la mente y no reducirnos a ella. Se experimenta quetenemos mente, pero no somos la mente, y nos va haciendo diestros en vivir en coherencia con esa nueva consciencia que se regala en el conocimiento transmental o silencioso.
-¿Meditar significa apartarse de la realidad o de lo social?
Meditar –lo dice uno de los sentidos de la misma palaba:med-itari, “ir al centro”- no solo no es apartarse de la realidad, sino llegar a su corazón. Esto no niega, sin embargo, que,  como en todo lo humano, también aquí puedan darse ambigüedades y engaños, como cuando se hace de la práctica meditativa una especie de refugio narcisista frente a una realidad que no se quiere afrontar. Pero ahí no hablaríamos de meditación, sino de “escapismo espiritual”. En su sentido más hondo, la meditación no es una práctica, sino un estado de consciencia, caracterizado por la percepción de la no-dualidad, que lleva a reconocer: “Yo soy todas las cosas”. Como es sabido, esta es una expresión de Jesús de Nazaret –está recogida en el logion 77 del Evangelio de Tomás– y es compartida por toda persona que ha vivido una experiencia de “despertar”.
-¿Cree usted que solo hay vida en el presente? ¿Qué quiere decir con eso?
El presente no es algo cronológico –eso sería solo un instante fugaz-, sino Aquello que contiene el tiempo. En este sentido, podría hablarse quizás mejor de Presencia, y sería una realidad equivalente a Consciencia y a Vida.
-¿Dónde podemos encontrar el sentido de la vida?
El “sentido de la vida” no es algo añadido, como tampoco es algo que nos faltara. En la vivencia no-dual queda radicalmente manifiesto que ya somos todo aquello que nuestra mente buscaba. Si me permites una alusión personal, podría decirte que pasé muchos años buscando, ansiosa y dolorosamente, el sentido de mi vida; cuando, finalmente, la Consciencia se hizo luz en mí, comprendí y vi con claridad que la vida estaba llena de sentido. Si ahora tuviera que formularlo conceptualmente para responder a tu pregunta, lo diría de esta forma: El sentido de la vida consiste en reconocerse uno con la vida y fluir con ella. Los poetas también saben verlo. Así se expresaba Rainer Maria Rilke, en una de sus Cartas a un joven  poeta: “Por lo demás, deje que la vida vaya sucediendo y traiga lo que tenga que traer. Créame, la vida siempre, siempre tiene razón”.
-Volvamos al principio. Usted plantea que la pregunta esencial es: ¿Quién soy yo? Pero ¿cómo se la responde a usted mismo?
Me surge espontánea la respuesta que en alguna ocasión dio Jesús: “Yo soy la Vida”. Y sé que esa es la respuesta adecuada para todo ser humano. No soy nada de aquello que pueda aparecer en el campo de la consciencia, sino la Consciencia misma (la Vida) en la que todo aparece. Y de ahí brota precisamente la única certeza a la que podemos tener acceso, en la que se asientan la seguridad y la confianza: la certeza de ser. La única certeza que se mantiene en pie cuando todas las ideas o creencias han caído. No necesitamos más.

http://www.enriquemartinezlozano.com/semana-1-de-mayo-lo-que-somos-es-consciencia-entrevista/




La atención liberadora por Consuelo Martín



La atención liberadora

por Consuelo Martín
Consuelo Martín
Investigando acerca de la Verdad, desde cualquier aspecto que la miremos, nos abrimos al todo. Esto especialmente sucede si el tema es la conciencia porque aunque parezca que la conciencia es algo muy abstracto y alejado de lo real, conciencia es todo, es aquello de lo que todo está hecho. Si queremos saber qué es la realidad, qué es la Vida y de qué estamos hechos nosotros, para actuar en armonía, tenemos que saber que la realidad está hecha de conciencia que es el acto de darnos cuenta. Aquello por lo que nos damos cuenta es el trasfondo de que está hecha la realidad.
Nos acostumbramos a pensar que la realidad es algo que está fuera de nosotros, un objeto externo. Pero lo que crea ese objeto, lo que lo construye, es el acto de darse cuenta. En nuestra conciencia de vigilia nos parece que lo real es lo que se proyecta en la vida y el "darse cuenta" es algo que sin saber como, refleja la realidad, algo que se nos escapa. Es todo lo contrario. Conciencia es la realidad que se manifiesta fuera en mil situaciones y formas a las que llamamos nuestra vida. El que hagamos esta inversión tiene enormes consecuencias en nuestra existencia. Es un error que nos hace vivir de una manera equivocada.
Si siento que vivo más intensamente, que mi vida tiene más realidad, más autenticidad, pienso que la causa es algo de fuera. Algo atrae mi atención, me hace estar más consciente y considero causa a ese algo de la felicidad que siento; pero si me noto más vivo, es porque he intensificado mi conciencia y no porque ese objeto que tengo delante sea verde o rojo, o porque esa persona sea simpática o no lo sea. He creado una condición en mi mente. He condicionado mi estado interno de mantenerme despierto, alerta, a una cosa o situación externa que me produce satisfacción. Intensificamos la conciencia de una manera condicionada. Esto se aprovecha muchísimo en la vida diaria, como lo hace la propaganda, poniendo delante cosas que susciten la atención y creen condiciones de agrado y bienestar. Lo que me interesa me hace sentir muy bien. Lo que no me interesa no pongo atención en ello. Pero me parece que no es interesante por una idea en mi mente. La vida entera es interesante si nos damos cuenta de qué es la conciencia, si la vemos de dentro a fuera. Pero como la vemos al revés condicionamos nuestros estados internos a las realidades exteriores y creamos las condiciones de acuerdo con ideas que tenemos en nuestra mente. Ideas que algunas veces coinciden con las de otras personas y otras son peculiares de cada uno.
Estas ideas condicionantes de nuestra mente surgen en ella de acuerdo con unas valoraciones o normas, adquiridas por la experiencia del pasado por lo que hemos oído a otros, o nos han impuesto, pero nunca como consecuencia de la verdad. La verdad funciona de otra manera. Cuando nosotros descubrimos la verdad, no nos condiciona, la verdad nos libera. Amplía nuestra conciencia. Cuando una cosa, persona o situación nos interesa, se intensifica nuestra conciencia pero no se amplía, se intensifica porque ponemos en ello atención y nos sentimos más vivos, no nos aburrimos, pero siempre de acuerdo con un condicionamiento, la idea mental que tengamos sobre esa cosa, persona o situación. Lo que he hecho es intensificar la conciencia pero no ampliarla. La he limitado. La consecuencia de esto es que me he atado a eso, que no soy libre. Las próximas veces, cuanto más veo las cosas con la idea equivocada de que para ser feliz necesito de ellas, estaré condicionándome más y más en esa dirección. La verdad tiene el efecto opuesto, intensifica la conciencia pero no la limita hacia un objeto particular, sino que la amplía dirigiendo la atención hacia la totalidad. No se concentra la mente en un punto, se abre al infinito.
Esta es la verdadera atención: estar abierto de una manera realizadora, abierto a lo total, tanto que la vida pueda crear a través de nosotros, expresando en cada momento algo nuevo. Al descubrir los verdaderos valores, los que son expresión de la conciencia profunda, los diferenciamos de los otros, de los que son cualidades cambiantes. Y con independencia de ellos sentiré que soy fuerza, amor, belleza, armonía; a pesar de mi debilidad, de mi estatura, de mi falta de dinero, etc. Comprendo, veo, me doy cuenta de que hay una Inteligencia que está dando fuerza a mi vida, y con independencia de esas formas, esa Inteligencia está ahí y yo siento que soy esa Inteligencia. Con la atención en la totalidad esos valores absolutos se van expresando porque lo que hace que se limiten y condicionen es la atención particularizada a las representaciones externas de ellos.
Si estamos acostumbrados a que nuestra conciencia se intensifique solamente ante aquello que nos interesa o gusta, según unas ideas que han ido calando en nuestra mente a lo largo de la vida, veamos la manera de ampliar la conciencia por algo que valoramos, algo de primera mano, lo que nos interesa de verdad que es ser, tener energía, claridad y belleza en la vida. Estos valores que todos los seres humanos intuimos en el silencio, son los verdaderos móviles para el despertar de la atención.
La ampliación de la conciencia, la atención auténtica es todo lo contrario a la concentración: se produce de una manera espontánea y natural, en el silencio y la quietud de la mente. Todo lo verdadero es espontáneo y sencillo. Lo originario, lo que está en lo profundo de la conciencia es siempre natural y sencillo.
Si la atención es justo ese darse cuenta, ese ampliar la conciencia, ¿cuándo ampliamos la conciencia? Cuando intuimos que somos amor, belleza... La verdadera atención se produce de esta manera: descubro una verdad, cuando me intereso por ella, y cuando estoy pendiente de esa verdad porque intuyo que es esencial, entonces mi conciencia se amplía. No tengo que hacer nada más. Intuyo que soy amor, que no depende de las condiciones, libre de todo condicionamiento y la conciencia se amplía en esta verdad. Así voy abarcando más y más, descubriendo las verdades y manteniendo mi atención en darme cuenta de ellas, porque me interesa profundamente, porque las amo.
El amor es la atracción a la unidad. Cuando amo la verdad en la situación de cada instante, y la contemplo, con independencia de como se manifieste, mi conciencia se está ampliando, me estoy dando cuenta de cuales son mis verdaderos valores. Y si me mantengo en esa actitud, descubro lo que es vivir en plenitud sin depender de lo que suceda.
Esto no quiere decir que no me importe lo que esté sucediendo, bueno o malo, sino que teniendo la vivencia interior, puedo vivir lo exterior acompañado de esa Presencia que está en mí. Puedo sentir que algo está mal en una zona limitada, es obvio, pero no me identifico ya con eso, porque en lo profundo estoy en un estado de plenitud, de libertad y desde allí vivo la situación particular adecuadamente.
No es así como funcionamos. En el momento en que nos sucede algo desagradable ponemos en ello nuestra atención, nos desesperamos y sufrimos, pero cuando pasa un poco de tiempo, o mucho, eso se olvida y nuestra atención la coge otro suceso, desapareciendo esa desesperación. El cambio de nuestra atención cambia nuestros estados afectivos y emocionales. Aquí podemos investigar qué es lo que hacemos con la realidad: estamos dando realidad a aquello en lo que ponemos o concentrarnos nuestra atención.
Seamos, pues, inteligentes y no demos realidad absoluta a ninguna cosa, ya que todas son relativas y cambiantes. Demos sólo realidad a esa atención que viene del fondo, a esa Presencia interna y dejemos que en esa atención, en esa conciencia, se vayan manifestando y expresando todas las cosas que sirven para hacernos aprender. Todo lo que sucede nunca es casual. Absolutamente todos los acontecimientos son expresión de la Inteligencia, todos son expresión de ese movimiento, los más desagradables, los que creemos que no nos corresponden, todos.

Práctica: Abrirse a lo desconocido

Luz encuentro
Para dar paso al silencio tenemos que dejarlo todo. Nos parece que nos quedamos en silencio y no encontramos ahí nada, porque estamos esperando encontrar sensaciones, emociones e ideas. Soltando las sensaciones agradables y desagradables, las emociones positivas y negativas y toda clase de ideas o juicios, me abriré al silencio desconocido. Dejaré de dar realidad a ese mundo hecho de ideas y descubriré la realidad que me realiza en el silencio creador. Simplemente dejaré lo conocido para abrirme a lo desconocido.
No buscaré nada, porque todo lo que busque lo buscaré a través de ideas. No me esforzaré en nada, porque todo esfuerzo supone la idea de un yo que quiere afirmarse. Dejaré que las cosas sean lo que son, que las sensaciones aparezcan y desaparezcan en la superficie de mi conciencia, que los pensamientos atraviesen mi mente pensante. Y me mantendré sin nada, a la expectativa de lo real desconocido, despierto, alerta a este instante de conciencia lúcida. La plenitud está en lo real y lo real sólo aparece en este instante presente.
Escucho el silencio, y al escuchar se borran los pensamientos, los recuerdos, las experiencias pasadas y las deseadas para el futuro. Este silencio lo borra todo. Y el cristal de mi mente queda limpio, transparente para reflejar la luz. El silencio suaviza todas las estrías puntiagudas del psiquismo egocentrado, deshace todos los nudos emocionales haciendo desaparecer la angustia y la preocupación de la ambición y el miedo. Escucho el silencio y me descubro libre, libre desde dentro, libre para vivir la plenitud que soy.
Cuando ya no busco ninguna alegría en particular me encuentro con la alegría total, cuando ya no busco ninguna satisfacción, descubro la felicidad plena. La presencia de lo real se empieza a sentir en la paz de este silencio. Permanezco así, lúcido, escuchando, contemplando y el silencio se va creando y me va creando. Descubro esa plenitud desconocida en la quietud callada de mi conciencia despierta.








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