lunes, 25 de julio de 2016

Meditar caminando



¿Se puede meditar caminando? El monje budista Thich Nhat Hanh ofrece consejos para practicarla. Prestar atención a nuestra respiración mientras caminamos nos ayuda a evitar la dispersión, y así vivir en el momento presente. “Cuando practicamos la meditación caminando, llegamos a destino con cada paso que damos. Al entrar en contacto profundo con el momento presente, nuestras tristezas desaparecen, y descubrimos la vida en toda su maravilla”.

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La mente puede tomar cientos de direcciones.
Pero yo camino en paz por este hermoso sendero.
A cada paso sopla una suave brisa.
A cada paso se abre una flor.

Como indica su nombre, la práctica de la meditación andando consiste en meditar mientras caminamos. Se trata de caminar despacio, de un modo relajado, con una leve sonrisa en los labios. Si caminamos de esta manera, nos sentiremos totalmente cómodos, y nuestros pasos serán los de una persona totalmente segura de sí misma.

Meditar caminando consiste en disfrutar del camino. No caminamos para llegar a algún lado, sino por el mero hecho de caminar, para estar en el momento presente y disfrutar de cada paso. Debemos dejar de lado todas nuestras preocupaciones y ansiedades, dejar de pensar en el pasado o el futuro, y disfrutar del presente. Todos podemos hacerlo. Solo necesitamos un poco de tiempo, atención plena, y el deseo de ser felices.

Meditar caminando consiste en disfrutar del camino. No caminamos para llegar a algún lado, sino por el mero hecho de caminar, para estar en el momento presente y disfrutar de cada paso.
Siempre estamos caminando, pero más bien parece que corremos, y nuestros pasos apresurados imprimen ansiedad sobre la tierra. Si logramos dar un paso en paz, luego podremos dar dos, tres, cuatro, cinco, y así contribuiremos a la paz y la felicidad de la humanidad. La Tierra es nuestra madre. Cada paso que damos en la meditación caminando nos permite entrar en contacto con nuestra madre Tierra. Mucho daño le hemos causado; ya es tiempo de besar la Tierra con nuestros pies, y así sanar a nuestra madre.

Nuestra mente suele abalanzarse de una cosa a otra, como un mono que salta de una rama a otra sin descansar. Así, los pensamientos abren millones de caminos, que conducen finalmente al olvido. Si logramos transformar el sendero por donde caminamos en un campo para meditar, nuestros pies darán cada paso con plena atención, nuestra respiración estará en armonía y nuestra mente se sentirá naturalmente a gusto. Cada paso que demos consolidará nuestra paz y alegría, y fluirá desde nosotros una corriente de energía positiva. Así podremos decir: “A cada paso sopla una suave brisa.”

Hay quienes no pueden caminar. Cuando practicamos la meditación caminando en nuestros retiros, cada persona impedida físicamente elige alguien que esté practicando la meditación caminando para mirarle y hacerse uno con él, siguiendo sus pasos con conciencia plena. De este modo, da pasos serenos y pacíficos junto con su compañero, aun cuando él o ella misma no puedan caminar. Los que tenemos dos piernas no debemos olvidar el sentirnos agradecidos por ellas. Caminemos por nosotros mismos, y caminemos por aquellos que no pueden caminar. Caminemos por todos los seres vivos, pasados, presentes y futuros.

¿Cómo se practica?

Al caminar, haz la práctica de respirar con atención plena contando los pasos. Presta atención a tu respiración y al número de pasos que das al inspirar y al espirar. Si durante la inspiración das tres pasos, di en silencio: “uno, dos, tres”, o “inspiro, inspiro, inspiro”, una palabra con cada paso. Lo mismo al espirar. Si notas que la inspiración dura tres pasos y la espiración cuatro, di en silencio: “Inspiro, inspiro, inspiro… espiro, espiro, espiro, espiro”; o bien: “Uno, dos, tres… Uno, dos, tres, cuatro”. Yo suelo enseñarles a los jóvenes a que digan mientras caminan: “Sí, sí, sí” al inspirar, y “Gracias, gracias, gracias” al espirar. Mi intención es que su respuesta ante la vida, la sociedad y la Tierra sea positiva.

Al caminar, respira con atención plena contando los pasos. Presta atención a tu respiración y al número de pasos que das al inspirar y al espirar.
No intentes controlar tu respiración. Permite a tus pulmones inspirar todo el aire que necesitan, durante el tiempo necesario. Solo nota cuántos pasos das mientras tus pulmones se llenan y cuántos mientras se vacían. La clave es la atención plena. Cuando andes por una cuesta o una bajada, el número de pasos cambiará. No importa; adáptate siempre a la necesidad de tus pulmones. No se trata de controlar el modo de respirar o caminar, sino de observarlos a fondo. Si sigues esta práctica, al cabo de unos meses tus pulmones estarán más sanos, y tu circulación sanguínea habrá mejorado. Tu forma de respirar se habrá transformado.

Si a lo largo del camino ves algo a lo que quieres prestarle plena atención (el cielo azul, las montañas, un árbol o un pájaro), puedes detenerte, pero sigue respirando con plena atención mientras estás detenido. Puedes mantener vivo el objeto de tu contemplación gracias al respirar con plena conciencia. Por el contrario, si no respiras conscientemente, tarde o temprano tu pensamiento volverá a las andadas, y el pájaro o el árbol desaparecerán. Por eso, permanece siempre atento a tu respiración.

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Thich Nhat Hanh y el hermano David Steindl-Rast practican la meditación caminando en el monasterio de Plum Village, Francia.

También puedes practicar la meditación caminando utilizando los versos de algún poema. En el budismo zen, poesía y práctica van de la mano. He aquí un verso que puedes utilizar:

He llegado.
Estoy en casa,
en el aquí,
en el ahora.
Estoy enraizado,
soy libre.
La dimensión última
es mi morada.

Cuando practicamos la meditación caminando, llegamos a destino con cada paso que damos. Al entrar en contacto profundo con el momento presente, nuestras tristezas desaparecen, y descubrimos la vida en toda su maravilla. Al inspirar nos decimos “He llegado”, y al espirar, “Estoy en casa”. Si hacemos esto, lograremos superar la dispersión y habitaremos en la paz del presente, que es el único momento que tenemos disponible para estar vivos.

Todos los días caminas a alguna parte, de modo que añadir la meditación caminando a tu vida no te tomará un tiempo adicional ni requerirá que vayas a un lugar diferente. Elige un trayecto que suelas hacer, y practica en él la meditación caminando.

Al caminar, sé consciente de tus pies, del suelo, y de la conexión entre ambos. Se dice que caminar sobre el agua es un milagro, pero para mí, el verdadero milagro es caminar sobre la Tierra. Cada paso es un milagro. Dar pasos conscientes sobre este hermoso planeta puede ser una fuente de felicidad auténtica.

Extractos de “Un largo camino se convierte en felicidad”, y “Momento presente, momento maravilloso”, de Thich Nhat Hahn.







http://www.viviragradecidos.org/meditar-caminando/

Virginia Gawel – Visión Transpersonal: “Abrir los sentidos”



"La sabiduria me dice no eres nada, el amor me dice lo eres todo, entre los dos ranscurre mi vida"
N.M.

domingo, 24 de julio de 2016

Distinción entre conocimiento y experiencia (parte II)



Hay algunas nociones prevalentes en los círculos de Vedanta “contemporáneos” y en general en muchas otras filosofías,  que han de ser examinadas atentamente y refutadas puesto que sus implicaciones son fundamentales.
Los  maestros “modernos” de Vedanta postulan que aun sabiendo que la enseñanza de Vedanta y sus textos son un medio de conocimiento (pramana), el conocimiento que Vedanta produce es solo teórico y por tanto ha de ser validado por una experiencia personal, especial, extraordinaria, que suponga un estado especial de consciencia en el cual uno puede verificar la visión que presenta el Vedanta.
El argumento que estos neo-vedantines y otras filosofías alegan es el siguiente:
La realidad absoluta no está disponible mediante la percepción o el razonamiento, y por tanto, solamente puede ser accesible mediante una experiencia especial.  Los textos o gurus  simplemente nos indican algunos métodos,   pero finalmente, es uno quien verifica esta verdad. El argumento es que la experiencia personal,  por si misma, tiene la palabra final. En este sentido, podemos citar que esto apela claramente al buscador moderno puesto que sugiere que no es necesario confiar en ninguna autoridad, guru, ni requiere estudios serios y competentes.
Por tanto, esta experiencia poderosa, extraordinaria, será necesaria para poder arrancar las nociones sobre la realidad. Sin ella, nuestro entendimiento permanecerá, únicamente, de forma intelectual o teórica.
Para refutar estas argumentaciones, primero necesitamos entender que no todas las experiencias son un medio de conocimiento y serán tan buenas como las interpretaciones que  demos a las experiencias. Para toda experiencia necesitamos un medio de conocimiento válido a la hora entenderla correctamente, de otro modo,  no nos hará más sabios.
Por ejemplo, todo el mundo ha tenido la experiencia de la salida del sol; mientras que esta experiencia es real, la conclusión basada en esta experiencia,  que el sol nace en el este y se pone en el oeste,  es corregida únicamente por el entendimiento de que el sol no se mueve sino la tierra.
Otro ejemplo puede ser cuando hablas a una persona que resulta que es un amigo de la universidad al cual conociste hace 20 años y no has reconocido. Tu amigo está bajo tu percepción, está bajo tu “experiencia”,  pero la verdad sobre él será desconocida hasta que es revelada por un tercer amigo que te dice: “Este es Roberto, aquel que  estuvo con nosotros en la Universidad Complutense  hace 20 años”.
La visión cósmica de Arjuna no lo  lleva al entendimiento
Incluso dentro de la propia Bhagavad Gita, en el capitulo XI, cuando Arjuna tiene la visión cósmica gracias al poder “especial” del ojo “divino”que Krsna le otorga, y en por el cual puedee ver y experimentar todo el espectro cósmico dentro de las coordenadas de espacio y tiempo, aun así, y siendo esta la experiencia más impresionante, magnifica, aterradora y estremecedora que cualquiera pueda experimentar, aun así, Arjuna no consigue entender, ni asimilar lo que significa, y menos  resolver sus conflictos.
Si la experiencia de la visión cósmica hubiera sido un medio de conocimiento apropiado, la Bhagavad Gita hubiera terminado en el capitulo once y, sin embargo Krsna sigue explicando durante siete capítulos mas.
Y digo sigue explicando y enseñándole porque la Gita es un dialogo y usa la palabra y la enseñanza tradicional del vedanta en la forma de diálogo, de preguntas y respuestas, de interrogación, de escucha y análisis, de contemplación, todo ello entre el discípulo y el maestro, entre alguien que está asentado en la visión y otro que quiere entender y asimilar esa visión.
Es evidente que la intención y el método de Krsna no era  enseñarle pranayama, asana o cualquier disciplina técnica que le ayudase a interiorizar, por muy útil que pueda ser una técnica meditativa.
La meditación en la Gita  será útil y tiene sus peculiaridades a diferencia de otros sistemas, pero desde luego no es el  fundamento de la enseñanza. Al igual que la experiencia de la visión cósmica no deja de tener valor, mucho valor,  sin embargo,  a Arjuna,  la experiencia, no le lleva por si misma a la asimilación y entendimiento necesario, cosa que solo ocurre con el conocimiento que Krsna le imparte, conocimiento claramente védántico en esta  parte del conocimiento del ser. No es que tengamos que desechar el medio de conocimiento que supone la experiencia a través de  la percepción, puesto que es un instrumento válido de conocimiento, pero la experiencia  no garantiza que se transforme en entendimiento a no ser que la experiencia sea asimilada en términos de conocimiento.
Por otro lado, necesitamos entender que Vedanta no es una teoría donde nosotros somos un sujeto o meditador y retenemos el estatus de sujeto y experimentamos algo diferente de nosotros, el “objeto” de nuestra experiencia. El tema que trata el Vedanta no está separado de uno mismo. No es como el conocimiento indirecto de una especie de animal remoto,  que vive en el polo sur, y que necesitamos confirmar y verificar yendo  allí y viendo el animal  por uno mismo.  Uno mismo  ya  está disponible todo el tiempo. El conocimiento dado por el Vedanta es un conocimiento directo e inmediato puesto que habla de la naturaleza real de mi mismo, de este “YO”.
Cualquier conocimiento directo ha de ser entendido y no practicado.
Por ejemplo, cuando los ojos revelan las formas y los colores, cuando operamos o hacemos uso  del medio de conocimiento que son los ojos, ¿Es teoría o práctica? No es ninguno.
Es simplemente conocimiento inmediato, de manera similar, cuando la verdad del “sujeto” y de los “objetos” es revelado por Vedanta como  una consciencia no dual, las diferencias son entendidas como mithya o aparente. Para entender el complejo  cuerpo-mente-sentidos “individual” y los “objetos” como mythya, uno solo necesita inquirir en su realidad. Uno no necesita resolverlos temporalmente y físicamente en una experiencia individual.
Para concluir, las nociones equivocadas sobre la realidad pueden ser corregidas examinándolas y refutándolas, probando como están equivocadas, y y corrigiendo las nociones que tenemos sobre nosotros mismos, el mundo y Dios, y no necesariamente mediante  la búsqueda de  una experiencia intensa que las sacuda.





http://oscarmontero.com/distincion-entre-conocimiento-y-experiencia-parte-ii/

Distinción entre conocimiento y experiencia (parte 1)






experiencia
Existen unas nociones bastante aceptadas y arraigadas acerca de lo que puede producir  el conocimiento y la experiencia.
La intención de esta serie  es poner en cuestión los límites de la experiencia y los resultados que puede traer, en especial en relación al auto-conocimiento.
Hago esta reflexión porque vivimos en una sociedad  donde predomina la búsqueda de experiencias “intensas”, “plenas”,  “sensuales” , “espirituales” , “energéticas”, “vibrantes” y toda una terminología nueva que parece que dice algo pero que tiene poco peso si se analiza.
Incluso en la importanción de enseñanzas “orientales ” predomina el consumo de estas experiencias sin discriminación alguna  y la conclusión que solo la experiencia es el factor decisivo en el camino del auto-conocimiento.
Y la pena es que teniendo toda la cultura y tradición filosófica  en occidente, no echemos mano de ellas para poder analizar estos temas. En vez de esto, parece que  el “new age” tiene más peso.
¿Que es el conocimiento?
El conocimiento es el entendimiento y apreciación de lo que es.  Esto debe ser claramente entendido. No es una creencia ni es una especie de idea intelectual o teórica. Repito: El conocimiento es el entendimiento y apreciación de lo que es. El conocimiento no es la apreciación de lo que uno cree que es, según sus creencias o percepciones.
La experiencia es la directa participación “perceptual” en un evento.
La experiencia puede llevar al conocimiento, pero la experiencia no se traduce necesariamente en conocimiento. 
La experiencia ha de ser asimilada en términos de conocimiento.
La experiencia es una cosa, el conocimiento de lo que he experimentado es otra bien diferente. Cuando tengo conocimiento (asimilado) incluye percepción e incluye la experiencia. Pero la experiencia no tiene porque incluir conocimiento. Para que sea conocimiento, lo que es experimentado ha de ser conocido por lo que es.
La experiencia puede que coincida o no con el conocimiento.
El conocimiento es algo que puede a la vez contradecir la experiencia y resolver las aparentes contradicciones de las experiencias.
Para ser calificado como conocimiento han de pasar el test de la indagación, de la investigación.
EJEMPLO:
La experiencia en  la mayor parte del mundo es que el sol sale cada día por el este y viaja al oeste donde se pone. En las regiones polares, en un momento concreto del año, la experiencia es que el sol da vueltas en un círculo. Ni la salida ni la puesta del sol son experimentadas en los polos durante ciertos periodos.
¿Que conjunto de experiencias deberían ser tomadas como reales? ¿Los dos conjuntos de experiencias son reales ?
Un análisis e investigación se hace  necesario para traer entendimiento. Es necesario tener  en cuenta todos los factores disponibles.
Las cuestiones son:
¿Es la experiencia del sol que nace en el este y se pone en el oeste un hecho o no?
¿Es esta observación verdadera ? ¿Que sucede con el sol en el polo que puede ser visto dando vueltas en un circulo? ¿Como esta observación se corresponde con los hechos?
Experiencia 1: El sol sale y se pone
Experiencia 2: El sol se mueve en un círculo.
Conocimiento: Con respecto a la tierra, el sol es fijo, ni sale ni se pone y tampoco se mueve en un círculo.
El sol parece que sale y se pone o que se mueve en circulo desde el punto de vista de un lugar en particular en un planeta en orbita que se gira sobre su eje.
Después de una investigación y análisis, las contradicciones son resueltas en un verdadero entendimiento de la relación de la tierra con el sol. El sol, aunque aparentemente en movimiento es estacionario en relación a la tierra. La apreciación de este hecho es conocimiento.
Las experiencias eran solamente mithya, aparentes, algo que parece ser pero no lo es (el significado demithya en sanscrito implica dependencia de su causa).
La visión de un sol que sale y se pone puede ser una experiencia hermosa; pero en términos de conocimientoes una ilusión. Las experiencias pueden contradecirse entre ellas; el conocimiento abarca y reconcilia las contradicciones.
El conocimiento no puede ser contradicho (sino, no es conocimiento)
Y como dice Aristóteles : “El que posee las nociones más exactas sobre las causas de las cosas y es capaz de dar perfecta cuenta de ellas en su enseñanza, es más sabio que todos los demás en cualquier otra ciencia”
(continuaremos en el proxímo artículo)








http://oscarmontero.com/distincion-entre-conocimiento-y-experiencia/

El monasterio más arduo




ara muchos, el monasterio más arduo… es la vida cotidiana. Quizás sin identificarse con un credo en particular, buscan una vida plena (aún en medio del trajín diario), y buscan dar lo mejor de sí a los demás. “Están en el mundo sin ser del mundo”, por lo que parecen “raros”… pero marcan el camino que conduce al bien de la humanidad. Reflexiones de Virginia Gawel.



Existen en el mundo distintos monasterios que implican, para el monje (cualquiera sea su religión) un difícil y austero trabajo sobre sí: ayunos, rezos, privaciones, silencio, soledad… Y existen también personas en todo el mundo que internamente son –por decirlo de algún modo– monjes laicos: no necesariamente adeptos a religión alguna (es más, a veces autodeclarados como ateos), se distinguen porque apuestan a convertir su tránsito en este mundo en un camino de autoconocimiento. Ellos (quizás quienes lean estas líneas) se ejercitan en uno de los monasterios más exigentes: la vida cotidiana. (Probablemente no se definirían a sí mismos como monjes seglares… ¡porque no saben que lo son!)

Afortunadamente, la psicología se ha ocupado de personas así, sin mirarlas como “enfermos”, sino como el camino hacia el cual la humanidad necesita ir para salvar lo que queda de este querido planeta.
Tienen una insistente sed de comprensión, y procuran convertirlo todo en un proceso para la ampliación de su conciencia. Nadie les sostiene, ninguna orden les procura solución a su techo, su comida… y conseguirla es parte de su voto de estar en el mundo. No tienen autoridad alguna a quien consultarles sobre qué hacer. Y en medio del trajín que implica el día a día, procuran practicar lo que conocen, para no perder su propio centro: leen sobre yoga en la fila del banco, o de pie viajando en el subterráneo; practican meditación en la sala de espera del dentista, observan el alineamiento de su cuerpo en un ascensor lleno de gente… Tienen en su oficina frases que les ayuden a estar más en calma. Tratan de transmitir como pueden lo que han descubierto, para ayudar a otros. Sabiéndolo o no, practican lo que los sufis definen como estar en el mundo, sin ser del mundo.

Intentan no salirse de sí mismos cuando deben ponerle límites a su hijo adolescente o tenerle paciencia a su padre que ya está muy anciano. Practican la compasión con los animales y las personas, y con frecuencia sufren enormemente penas que no son propias: su monasterio no está aislado de lo que sucede en el planeta. Les duelen las matanzas del Tíbet, las inundaciones de Argentina o el terremoto del Perú. Se angustian ante las especies amenazadas, el ecosistema quebrado, los incendios que acaban con bosques insustituibles…

A veces hacen voto de silencio y se retiran, solitarios, pues necesitan “digerir” lo que su sensibilidad percibe. Se esfuerzan en ser rectos y veraces, en ámbitos donde la mentira y la transgresión se constituyen en ley. Y algunos tienen la posibilidad de ejercer todo lo que saben y de aprender lo que no en una de las pruebas humanas más difíciles de atravesar conscientemente: la pareja. Allí investigan lo que tienen adentro: dependencia, celos, abnegación, posesividad, capacidad de dar… Practican el hacerse cargo frente al otro, el no proyectar, el abrir su interioridad… ¡Todo un entrenamiento para iniciados!

Luego del trabajo, antes de realizar las compras y después de ocuparse de sus hijos, se toman retazos de tiempo para no dejar nunca de aprender: sobre los sueños, sobre las emociones, sobre el Eneagrama o la Eutonía… Se levantan temprano o se acuestan tarde, pero siempre tienen algún minuto para meditar, para contemplar su entorno, para trabajar su cuerpo, para escribir lo que sienten…

Practican la solidaridad como pueden: en campañas por internet, en la ayuda a un vecino, o en el brindarse a cualquier hora a un amigo que les necesite. Es posible que transiten por su entorno siendo vistos como “raros”. Lo padecen. Y a la vez, profundamente, tal vez sientan que en verdad es un honor: que su “rareza” los dignifica. No encajan en el mundo. A este rasgo le hemos llamado “inadecuación esencial”.

Afortunadamente, desde los años ‘60 la psicología se ocupó de personas así, sin mirarlas como “enfermos”, sino, por el contrario, como el camino hacia el cual la humanidad necesita ir para salvar lo que queda de este querido planeta. Nació como psicología humanista, y derivó en lo transpersonal, centrándose en el desarrollo de la conciencia, en la persona que busca. ¿Son ellos “normales”? ¡No! Por suerte que no. Bendito sea que sean… así como son.

Virginia Gawel

Publicado en la revista “Uno Mismo”, año 2008.






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domingo, 17 de julio de 2016

LAS CENIZAS DEL AMOR


NTRODUCCIÓN
Desde el punto de vista convencional, se cree que la experiencia está compuesta por dos elementos esenciales: un sujeto –el cuerpo mente- y un objeto –las cosas, los demás y el mundo-. Por este motivo, podríamos llamar a esta visión de la experiencia Dualidad Convencional, en la cual está implícita la relación sujeto-objeto.
En la Dualidad Convencional, se cree que el cuerpo-mente (el sujeto de la experiencia) conecta con las cosas, los demás y el mundo –los objetos de la experiencia- mediante un acto de conocer, sentir o percibir. De ese modo, se considera que el cuerpo-mente es consciente, y que “las cosas, los demás y el mundo” son aquello de lo cual “yo” –el cuerpo mente- soy consciente. Esta creencia es la asunción fundamental en la cual está basada nuestra cultura mundial y es encumbrada en nuestro lenguaje con frases como “yo conozco esto y lo otro”, “yo te quiero”, “yo veo el árbol”. En todos los casos, hay un sujeto, “yo”, que conoce, siente o percibe un objeto –“tú” o “ello”-. De hecho, esta creencia está tan integrada en nuestra cultura que la mayoría de la gente no lo considera en absoluto una creencia, sino que lo asume ciegamente como una verdad absoluta.




http://www.enriquemartinezlozano.com/semana-10-de-julio-las-cenizas-del-amor/

sábado, 2 de julio de 2016

No hay ningún lugar al que ir...




No hay nada que alcanzar...
no hay ningún lugar al que ir...
únicamente sentarse en silencio y observar...
Observar el cuerpo...
observar la respiración...
observar los pensamientos...
simplemente observar.
Poner la atención al mismo estado de observar...
mantenerse enfocado en el interior...
todo lo que vaya sucediendo, no soy yo...
yo simplemente soy aquello que observa,
aquello que es consciente.
Absolutamente todas las experiencias,
tienen un propósito común;
el desapego al "yo personal".
Cuando surge la mente, hay distracción...
y si te pierdes en los pensamientos,
se forma una identidad, un "yo personal"...
Este ego no es real, 
pero tú crees que eres eso...

Por tanto, la práctica espiritual,
consiste en soltar, liberar, vaciarte del "yo personal"...
simplemente descansar en silencio,
dejar las identificaciones físicas y mentales
y tan solo permanecer como vacío de contenido...
como un recipiente vacío,
que al mismo tiempo puede ser llenado de Todo.