Pocas personas saben que los monjes benedictinos no hacen votos de pobreza, castidad y obediencia. Sí se comprometen a la obediencia, es cierto. Pero sus otros dos votos son los deconversio morum y stabilitas loci. El primero de ellos obliga al monje a una conversión continua, a una renovación permanente de su vida, a una entrega incesante al poder formativo de la vida monástica; por lo tanto, la pobreza y el celibato están aquí implícitos. Stabilitas loci (literalmente “estabilidad de lugar” o “estabilidad local”) es un voto que ofrece un punto de partida oportuno para abordar el tema que nos interesa y la pregunta que suscita. Nuestra respuesta será jugosa si evitamos las generalidades, y esto será más fácil si comenzamos con un punto de vista claro. Como monje benedictino, se me permitirá que haga de este voto tan auténticamente benedictino mi punto de partida, por más que mis amigos bromeen con que, por mis viajes, yo he estirado el voto de estabilidad local a los confines de la tierra. Pues bien, el mirar las cosas a la distancia a veces nos hace ver los rasgos esenciales con mayor claridad.
Lo que amenaza a nuestra época no es la movilidad sino el desarraigo.
¿Cuál es el significado del voto de estabilidad local? Su foco central es estar verdaderamente presentes dondequiera que estemos,
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